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Un argumento a favor de una inflación más alta

13 octubre, 2020 By Mircea Vasiu

El mundo como lo conocemos está cambiando drásticamente con la pandemia de la COVID-19. La gente ya no hace cosas de la forma en que las hacía antes, lo que supone extraordinarias implicaciones económicas.

Aunque a menudo se ve la inflación como un fenómeno económico negativo, en realidad se refiere a precios más altos en un determinado período de tiempo. Los precios mucho más altos llevan a la hiperinflación mientras que, en el caso de ser más bajos, pero positivos, reflejan desinflación. La deflación surge cuando la inflación cae por debajo de cero. En este punto, los que hacen la política (por ejemplo, los banqueros centrales) dan un paso adelante e intervienen para devolver la inflación al territorio positivo.

Sin embargo, la inflación cambia con el tiempo. No pasa a ser deflación o desinflación de la noche a la mañana, lo que quiere decir que los bancos centrales están atentos antes de que los precios caigan de tal forma que aparezca la deflación. Por regla general, la desinflación o la deflación tienen lugar durante las recesiones económicas.

La gente pospone sus compras debido a la incertidumbre económica. ¿Realmente necesito el ordenador o el teléfono inteligente de última generación? ¿Es preciso que tenga la consola más reciente del mercado? Esto son solo un par de ejemplos de cosas que nadie se pregunta durante un período de expansión económica. Pero son las primeras que el consumidor abandona durante las recesiones.

La pandemia nos ha traído la segunda recesión de la última década. Después de la gran crisis financiera de 2008-2009, el mundo no se había recuperado lo suficiente antes de que comenzase la recesión por la COVID-19.

Las ratios de crecimiento eran insignificantes. El desempleo seguía siendo elevado (excepto en los Estados Unidos). La inflación era aún un problema.

Los años de gloria de los bancos centrales

Controlar la inflación es algo que los bancos centrales intentan hacer desde que se introdujo el objetivo de inflación. El consenso en torno al 2 % se refiere a la estabilidad de los precios tal y como la definen los banqueros centrales.

Si volvemos la vista atrás hacia las últimas décadas, podemos afirmar fácilmente que los bancos centrales hicieron un gran trabajo para controlar la inflación. En concreto, el mundo desarrollado no se ha visto afectado por una inflación alta sino todo lo contrario.

Pero la estabilidad de los precios a toda costa no es algo que desee un banco central. El hecho de que los bancos centrales del mundo desarrollado se las hayan arreglado para mantener la inflación próxima al objetivo del 2 % también ha tenido mucho que ver con la demografía. En Japón, el envejecimiento de la población ha dificultado la subida de los precios hasta un nivel de crecimiento sostenible. Y ahora que la clase trabajadora de China está también envejeciendo, el mundo se quedará sin su principal motor de crecimiento.

El ejemplo perfecto de la efectividad de la política monetaria de los bancos centrales se ve en los mercados actuales. Los diferenciales italianos y españoles están en mínimos históricos y siguen cayendo. Al mismo tiempo, la situación económica de ambos países es una de las peores de la historia.

¿Quién es responsable de mantener los diferenciales bajos? El banco central.

Es posible una inflación más alta, solo que ahora mismo no es una prioridad.

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