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Un año tras la pandemia de la COVID-19: ¿Qué hemos aprendido?

Hace un año, estalló una recesión económica sin precedentes. Por primera vez, toda la economía mundial se contrajo, lo que dificultó enormemente la gestión del día a día por parte de gobiernos y hogares.

Ya había habido recesiones antes, pero eran diferentes. La gente viajaba a otros países en busca de trabajo o una vida mejor; todo ello con cierto éxito. Según la teoría del ciclo económico, la principal razón por la que los inversores no pueden aplicarla globalmente es que en algunas partes del mundo la economía puede estar en una parte del ciclo diferente a la que presentan otras naciones.

Esta vez no ha sido así. Debido a la gravedad de la COVID-19, todo el mundo se ha visto afectado y todo el mundo parece presentar similares dificultades para recuperarse.

Pero bueno, al final las naciones recuperarán la normalidad, aunque el coste será elevado. Se siguen perdiendo vidas mientras el virus recupera fuerzas en cada intento de reabrir la actividad económica y social. En todo el mundo, la tasa de infección ha aumentado recientemente, sobre todo en Europa.

¿El punto positivo? Estados Unidos y Canadá, donde los esfuerzos de vacunación dieron sus frutos. Esto es lo que da esperanza y por lo que quizá sea más fácil seguir adelante a medida que se acerca la luz al final del túnel.

Lecciones que nos ha dado la pandemia

El mundo ya no será el mismo. Desde hace tiempo, la economía global se ha enfrentado a una gran pesadilla: la dependencia de los países asiáticos para los productos de bajo coste. Por ejemplo, las mascarillas tenían mucha demanda pero poca oferta en Europa y otras economías avanzadas al comienzo de la pandemia. En el futuro, la globalización dará un paso atrás, ya que los países no volverán a aumentar su dependencia de otra nación tan fácilmente.

También hemos aprendido que el precio de una materia prima puede establecerse en territorio negativo. Los futuros del petróleo estuvieron en los niveles de -40 $ en abril de 2020 (sin duda, uno de los gráficos más espectaculares de todos los tiempos en lo que respecta a los mercados financieros).

El gasto fiscal se ha disparado como nunca antes. ¿Cómo se lucha contra un enemigo invisible si no es proporcionando la mayor cantidad de ayuda posible y lo más rápido que se pueda? El mundo no puede recuperarse al mismo tiempo, pero, junto con las economías avanzadas, las demás lo tendrán más fácil.

La solidaridad ha aumentado. Aunque el despliegue de la vacuna difiere de país en país, el intercambio parece no haberse detenido pese a las dificultades inherentes a la lucha contra el virus a nivel local. El mejor ejemplo de ello es Europa, donde se producen la mayoría de las vacunas, que ha seguido enviando las dosis que tenía apalabradas pese a que su población está fuertemente diezmada por el virus.

En definitiva, hemos aprendido que las recesiones también las puede provocar un elemento exógeno. Si el mundo consigue controlar el resultado del gasto excesivo en los años que están por venir, podremos decir que se ha aprendido una lección y que se han establecido mecanismos para luchar contra crisis similares en el futuro.

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