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Se espera que otros 2.5 millones de estadounidenses soliciten las prestaciones por desempleo

18 mayo, 2020 By Mircea Vasiu

A primeras horas de la sesión de hoy en el mercado de valores norteamericano, la previsión para la próxima semana muestra que otros dos millones y medio de estadounidenses van a solicitar las prestaciones por desempleo. Junto con los datos de abril y el desglose que vimos en el informe de los NFP de la semana pasada, el resultado se presenta como un panorama bastante sombrío para la mayor economía del mundo.

Desde febrero, cuarenta millones de estadounidenses han sufrido importantes alteraciones a nivel laboral, pero solo menos de la mitad de dichos cambios ha supuesto un aumento del desempleo. Es decir, lo peor aún está por venir.

En el gráfico superior, podemos apreciar la difícil situación de la que nadie quiere hablar: los desempleados con despidos temporales aumentaron sustancialmente en el mes de abril. Puede que en mayo veamos otro aumento, a juzgar por el hecho de que algunos estados todavía están cerrados y algunos ya han anunciado que seguirán así hasta julio.

No se trata solo de números, como argumentan muchos. Son personas que se quedan en casa con la esperanza de tener un trabajo al que volver. Una cosa en la que tanto economistas como políticos están de acuerdo es en que cuanto más se alargue la crisis de la pandemia, menos probable será que los negocios puedan mantener esos puestos de trabajo para sus empleados.

Se avecina un dilema fiscal

Ante el desconocimiento de la duración de la crisis de la COVID-19, los gobiernos de todo el mundo, no solo el de los Estados Unidos, deben elegir entre dos males

Uno es que ellos sean los que marquen su salida de la crisis mediante ayudas ilimitadas a las empresas y familias con el consiguiente endeudamiento del país y el riesgo de presiones inflacionarias en el futuro. El otro es adoptar la postura de esperar y ver.

En el primer caso, el argumento a favor apunta a una falta de inflación ahora de modo que las autoridades fiscales puedan entregar dinero fácilmente a través de diversos programas de estímulo (por ejemplo, cheques en los Estados Unidos). Los críticos, sin embargo, no están de acuerdo en el sentido de que, si la crisis persiste durante unos cuantos meses más, el daño para las generaciones futuras será irremediable.

Esperar y ver posiblemente supondría que las empresas se declarasen en quiebra. Cuando todo esto quede atrás, las probabilidades de que estas empresas vuelvan a empezar al mismo nivel de antes es mínima. Por lo tanto, el gran número de personas desempleadas con paro temporal no tendrían, evidentemente, ningún trabajo al que volver. Recurrirían al gobierno en busca de ayuda, lo que provocaría los mismos efectos indirectos ya señalados para el primer caso.

El capitalismo, tal y como lo conocíamos antes de la crisis, puede que nunca vuelva a ser el mismo. Los principios de la economía se ven desafiados mientras el mundo necesita luchar para salir de esta crisis.