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Riesgos macroeconómicos del año que viene

2021 está lleno de oportunidades, pero también de riesgos. De la misma forma que una empresa planifica de antemano el año próximo y prepara un presupuesto, también lo hacen los operadores e inversores. 

El análisis macroeconómico hace referencia a la interpretación de los principales cambios de tendencias y cómo afectan a la cartera de valores. Pensemos en decisiones de política monetaria (por ejemplo, el cambio de la Fed de un objetivo de inflación a un objetivo de inflación promedio), decisiones políticas (como el Brexit), decisiones relacionadas con el comercio internacional (por ejemplo, el nacimiento de la RCEP, la Asociación Económica Integral Regional, la mayor área de libre comercio del mundo) o conflictos (como la guerra comercial entre China y los EE.UU.). Estos cambios por sí solos pueden provocar una fuerte turbulencia en los mercados financieros, en todos ellos: de divisas, de valores, de renta fija, etc.

¿Qué hay que preparar para 2021?

Si nos referimos a un país en concreto, el riesgo macroeconómico tiene cuatro componentes: financiero, comercial, político y entorno empresarial. Por ejemplo, en 2020 en los Estados Unidos, los mayores riesgos desde un punto de vista macroeconómico han sido, por este orden, los políticos, el entorno empresarial, y los riesgos comerciales y financieros. Obviamente, las elecciones presidenciales en el país se sitúan a la cabeza de la lista.

En 2021, la mayor economía del mundo (los Estados Unidos) está en riesgo de tener una alta deuda corporativa. Asimismo, la polarización política se considera una amenaza en 2021. Por último, la baja productividad puede que tenga mucho que decir en el comportamiento económico del año que viene en los Estados Unidos.

Otro riesgo que hay que tener en cuenta, en este caso a nivel global, es la débil recuperación económica. El mejor escenario posible sigue siendo que veamos una aceleración de la demanda global, pero todo depende de la contención de la COVID-19.

También, existe el riesgo de que los inversores caigan en la complacencia. La complacencia es un problema a la hora de invertir, ya que reduce la diligencia debida e incrementa la dependencia de decisiones que toman otros. Por ejemplo, pensemos en el mercado de valores y el dólar estadounidense. El consenso cree que el mercado seguirá subiendo con el apoyo de la Fed y las impresiones del Tesoro de los Estados Unidos, que, tanto en un caso como en otro, irán a más. Así pues, un USD más bajo debería impulsar al alza los precios de las acciones. Sin embargo, si, por cualquier razón, hay una sensación de que una de esas dos instituciones va a revertir sus decisiones, hay un alto riesgo de que la economía pase del crecimiento al crecimiento lento y, de ahí, a no crecer, lo que se conoce como hard-landing economy o «economía de aterrizaje forzoso».

En resumen, siempre hay riesgo cuando uno se involucra en los mercados financieros. El riesgo, por definición, no se puede reducir a cero. Sin embargo, cuanto mejor nos preparemos para enfrentarlo, menos afectará a las carteras de valores.

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