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Retos y oportunidades en tiempos de coronavirus

1 junio, 2020 By Mircea Vasiu

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de revelar que las medidas fiscales mundiales para hacer frente a la crisis sanitaria del COVID-19 ascienden a 9 billones de dólares (gran parte de esta cantidad corresponde a los países del G20). Se cree que este monto puede aumentar en el futuro, ya que los desafíos que plantea el virus están teniendo profundas repercusiones en el orden económico mundial, así como en su crecimiento.

Los gobiernos no han escatimado en estimulación fiscal: facilitación de acceso a créditos, capital social y otra serie de garantías con el único objetivo de ayudar a empresas y a ciudadanos de a pie a afrontar lo mejor posible los escenarios que va arrojando el coronavirus.

Si bien la cantidad parece astronómica, la pandemia ha dejado al descubierto los fallos sistémicos en la gestión del crecimiento económico por parte de una gran cantidad de países, así como ha puesto en boca de todos los numerosos problemas a los que el mundo se tendrá que enfrentar en el futuro.

La batalla mundial contra el coronavirus

Para empezar, el coronavirus ha dejado claro que prácticamente todos los estados del mundo necesitan invertir más dinero en sus sistemas de salud. Es necesario disponer de sistemas sanitarios más robustos, así como de una planificación clara sobre cómo acometer la financiación.

Las cadenas de valor, que tanto habían crecido en los últimos cuarenta años, han sufrido un cambio de tendencia. El virus ha provocado un cese en el avance imparable de la globalización, lo que parece que va a cambiar el modo en el que las empresas enfrentan su día a día.

Por otro lado, el dinero en efectivo ya no se considera una solución segura a la hora de pagar. Con cada vez más negocios online, la pandemia puede abocar al mundo a cambios tectónicos a corto-medio plazo en los pagos digitales.

La preocupación sobre la privacidad aumenta. Una forma de luchar contra la propagación del virus ha sido la de hacer un rastreo de las actividades y hábitos de los ciudadanos: a mayor información, más facilidades para atajar la expansión de la enfermedad. Sin embargo, y pese a que estas políticas han sido en nombre de la salud, es inevitable no pensar sobre cómo la tecnología ocupa cada vez más espacios de nuestra vida privada.

También es probable que la brecha entre el sector tecnológico y el resto de industria siga creciendo. No en vano, las compañías del FANG han arrastrado a los índices bursátiles hacia arriba. Es más, han sido las principales responsables de los últimos repuntes del mercado de valores. Con el trabajo desde casa y la educación en línea en aumento, es posible que el consumidor cambie profundamente, lo que puede llevar a nuevos hábitos tecnológicos y a una sustancial toma de control por parte de las empresas de esta industria.

Tal vez el mayor reto sea el de una potencial deflación a nivel mundial. Si tomamos Japón como un ejemplo preclaro de cómo la deflación afecta al crecimiento económico, entonces, sus dos últimas décadas de rendimiento económico son el punto de referencia respecto a lo que el mundo va a enfrentar una vez se supere la pandemia.

Es probable que el retroceso en la globalización no se perciba de inmediato. Además, a falta de una vacuna (que puede tardar años en estar disponible internacionalmente), los diferentes estados se verán obligados a luchar contra la recesión más profunda en generaciones. El estímulo fiscal parece haber venido para quedarse, al menos, a medio plazo.