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Reporte especial sobre la complicada situación de Venezuela

25 febrero, 2014 By Equipo de EFXTO

Estos últimos días en Venezuela han pasado a ser, de un estado de tensa calma, a un verdadero ambiente de conflicto en diversos puntos del país. El extremadamente complejo panorama en el área económica ha derivado de varias fuentes que, como la conflictiva situación política que tiene su origen en unas elecciones ganadas con muy poco margen, una población prácticamente dividida por la ideología, y el fallecimiento de la figura de autoridad que durante un tiempo significó estabilidad y calma, así como unas medidas económicas desacertadas, sucesivas devaluaciones en lapsos sumamente cortos, y una enorme presión subyacente generada por los bajos precios del combustible subsidiado, ahora está por culminar en una situación social sumamente problemática.

Años de un inclemente control cambiario, que ha reducido increíblemente el acceso de los ciudadanos a las divisas necesarias en un mundo como el que vivimos, cada vez más han llevado al país a una parálisis parcial bastante avanzada, con la enorme dificultad para las empresas de todo tipo que se presenta al momento de obtener las divisas a tiempo para sus operaciones de compraventa de materia prima, herramientas, maquinaria u otros insumos; esta situación se ve posiblemente por la existencia de mafias de funcionarios inescrupulosos que aspiran a un porcentaje de la “asignación”, tal y como ya había ocurrido en la experiencia anterior de control de divisas en los años 80, con la existencia de un mecanismo similar: RECADI (Régimen de Cambio Diferencial). La implantación inconsulta de este mecanismo originó, lógicamente, un enorme mercado negro de divisas, especialmente el dólar y el euro.

En los actuales momentos, la falta de aprobación de las órdenes de compra de divisas, cuyo proceso requiere cada vez más trámites en un esfuerzo burocrático por minimizar aún más el intercambio de divisas por bolívares, ha redundado en una escasez inaudita sin precedentes en un país que fue una vez ejemplo de prosperidad y abundancia. La producción nacional de muchos rubros básicos es insuficiente y el estímulo económico introducido a través de diversos mecanismos (becas, pensiones, comercios y centros de atención médica estatales), aunque ha mejorado un poco el poder adquisitivo y la calidad de vida de los sectores menos favorecidos, decididamente ha cobrado su cuota, generando una inflación alarmante, y el gobierno pareciera ser o incapaz de detenerla, o estar mirando hacia otro lado.

La tasa de cambio “oficial” era de 6,3 Bs. por dólar hasta hace unos pocos días. El “nuevo” sistema de subastas ha elevado este valor hasta alrededor de 11,7, mientras que en el mercado paralelo el valor ya ronda los 86 Bs. Las consecuencias de todo esto pueden evidenciarse en las 4 o 5 horas de fila que debe hacer la gente para adquirir algunos insumos como harina de trigo (que no se produce en el país) o de maíz, alimento muy tradicional y prácticamente desaparecido por el tráfico de alimentos hacia Colombia. Los desórdenes, conflictos, protestas y otras manifestaciones callejeras no se hacen esperar, generando la complicada situación para el gobierno que puede apreciarse en estos momentos.

Como una nota insólita, para este año se reduce el monto en USD que puede ser empleado para gastos como compras online a 300$ (estaba originalmente en 2500, con el paso del tiempo se redujo a 1500, y luego a 400). Y también se limita el monto del que puede hacer uso con su tarjeta de crédito la gente que viaja al extranjero a 2000$ al año, variando un poco dependiendo de la duración del viaje y del destino. Todo esto ha generado en las clases más favorecidas una enorme incomodidad y disgusto, como es lógico, trayendo como consecuencia la radicalización de un sector que tradicionalmente se ha opuesto al socialismo oficialista. La llamada Ley de Ilícitos Cambiarios, derogada hace pocos días, incluía la prohibición de transar divisas entre particulares. Algo muy poco común para una economía moderna, de un país occidental. Y yendo aún más allá, en un asombroso paso en este mundo globalizado, se centralizará todo el comercio exterior en un solo organismo, acabando con las importadoras tradicionales, en donde este solo organismo, de manera inconsulta, decidirá qué se importa, cuándo, cómo, y si es necesario en el país, o no lo es.

El pronóstico, como puede observarse, dada la complejidad de la situación, es que no se vislumbra una salida satisfactoria por el momento.

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