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¿Qué hacer con la deuda?

27 octubre, 2020 By Mircea Vasiu

Una de las preguntas más importantes que sigue sin respuesta en la actual crisis económica es qué hacer con la deuda que se acumula. Como respuesta a la crisis del coronavirus, las naciones de todo el mundo han pedido prestadas enormes cantidades de dinero para encarar el alto nivel de desempleo y el cierre de los negocios.

La buena noticia es que los bancos centrales han dado facilidades a los gobiernos para que estos pudieran acceder a los créditos. Mediante la bajada de los tipos de interés y una intervención activa a través de la flexibilización cuantitativa, los bancos centrales han contribuido efectivamente a bajar los rendimientos, lo que ha hecho que el costo de los préstamos haya disminuido de forma significativa.

Sin embargo, la ratio entre la deuda y el PIB ha aumentado. Había alcanzado ya niveles muy altos e insostenibles incluso antes de la crisis económica de las economías desarrolladas. Ahora, puesto que el PIB se ha visto afectado por la recesión y la deuda al alza, la ratio está creciendo aún más deprisa.

Cómo afrontar los altos niveles de deuda

La deuda es un concepto clave en economía. Los principios por los que se rige un país son similares a los que gobiernan la vida familiar. Por ejemplo, si el ingreso mensual en una familia es X, pero la familia gasta Y resulta que Y>X, a final de mes deberá pedir prestada la diferencia Y-X. Por esa diferencia, tendrá que pagar un interés a la entidad prestataria, normalmente un banco comercial local.

Según cuál sea la entidad con la que se firme el contrato para el préstamo del dinero, el interés variará desde tan solo unos cuantos porcentajes hasta un par de decenas de porcentajes o más (caso de las tarjetas de crédito). Cuando la deuda se hace insostenible (por ejemplo, es imposible pagar el interés y el capital principal), la familia se ve en serios problemas. Buscará la forma de refinanciar la deuda, etc.

Lo mismo es válido para un país salvo por algunas notables excepciones. Una de ellas, y quizá la más importante, es que algunos países (no todos) pueden «imprimir» su salida de la trampa de la deuda.

En concreto, cuando el país pide préstamos en su propia moneda, le será mucho más fácil devolver esa deuda. ¿Por qué? La explicación nos la da el hecho de que los bancos centrales poseen el monopolio sobre la moneda. En pocas palabras, puede imprimir tanto dinero como quiera para pagar la deuda, incluso a costa de devaluar o degradar la moneda. Sin embargo, si otras naciones (países que le hayan prestado dinero) se dan cuenta de que se ha hecho de forma intencionada, dejarán de dar préstamos y el país se encontrará en la misma situación que la familia del ejemplo anterior.

La moraleja de esta historia es que la deuda es lo último por lo que nos deberíamos preocupar en este momento de la crisis. Mientras los países puedan crear moneda y los tipos de interés sean tan bajos, la deuda no es un problema.

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