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Por qué una tasa de mortalidad del 1 % en la COVID-19 cierra una economía

Las vacunas están empezando a llegar a todo el mundo y las primeras entregas ya han llegado a su destino o están en vías de hacerlo. El Reino Unido ya comenzó el proceso de vacunación la semana pasada mientras que en los Estados Unidos comenzó ayer. Asimismo, han llegado los primeros envíos a Canadá y, de forma lenta, pero segura, la producción irá cumpliendo con la demanda. 

Quizá sea este el momento más apropiado para debatir por qué el mundo se ha cerrado a causa de una enfermedad que solo tiene una tasa de mortalidad del 1%. Después de todo, es necesario que todo el mundo entienda por qué los gobiernos y las organizaciones sanitarias han ido tan lejos y han cerrado las economías (en algunos casos, como en la zona euro o en el Reino Unido, lo han hecho dos veces).

Por qué una mortalidad del 1 % puede arruinar una sociedad

Todo empieza con un punto bastante sencillo que, sin embargo, mucha gente olvida totalmente: la ley de los grandes números. En efecto, los resultados se acercan más al valor esperado cuantos más ensayos se realicen. En este caso, si tenemos en cuenta que los Estados Unidos tienen una población de aproximadamente 328 millones de habitantes, una tasa de mortalidad del 1 % significa 3.28 millones de fallecidos.

Esto, en sí mismo, crea caos en la economía. Y, por si esto no fuera suficiente, hay que añadir la gente que muere regularmente cada año a causa de otras circunstancias como, por ejemplo, accidentes automovilísticos, etc. Por lo tanto, el número real de fallecidos al final del año es mucho mayor.

Si vamos más allá, ¿qué pasa con la gente que sobrevive a la infección? Está demostrado que por cada persona que muere, hay diecinueve más que necesitan hospitalización. Es más, dieciocho de estos pacientes tendrán daños cardíacos permanentes, tres sufrirán apoplejías, dos experimentarán daños neurológicos y la lista continúa.

En resumen, ese aparente diminuto 1 %, de hecho significa que 3.28 millones de personas habrán muerto, 62.35 millones habrán sido hospitalizadas, 59.07 millones tendrán problemas cardíacos, etc. La lista sigue con pérdidas de la función cognitiva (alrededor de 6 millones), debilidad muscular (unos 6.5 millones), daños pulmonares y accidentes cerebrovasculares (alrededor de 33 millones de personas).

Visto así, las perspectivas cambian. El problema no es que se arruine la economía mediante el cierre, el problema es salvarla.

Europa acaba de anunciar nuevos cierres en Alemania y los Países Bajos. España prevé endurecer las restricciones durante las vacaciones de Navidad, Italia se prepara para hacer lo mismo, mientras que el Reino Unido regresa al cierre más duro que ha tenido lugar durante la pandemia.

Después de todo, no hay otra alternativa. Ningún país puede soportar esos números derivados de una tasa de mortalidad de «solo» el 1 %.

Ni siquiera los países desarrollados.

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