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Nueva Generación de la UE: Subvenciones y préstamos para los Estados miembros, pero aún no se ha desembolsado ningún dinero

La pandemia de la COVID-19 provocó algunas respuestas fiscales a nivel mundial de gran calado. Estados Unidos, una vez más, lideró el camino, pero Europa no quiso quedarse atrás.

Por primera vez en su historia, se llevó a cabo una política fiscal paneuropea. Denominada la Nueva Generación de la UE, buscaba proporcionar subvenciones y préstamos a los Estados miembros. El programa se concibe como ayuda a los países que luchan por salir de la pandemia y los fondos se deben distribuir en función de cómo la COVID-19 haya afectado a la economía de cada país.

Cuando se anunció la Nueva Generación de la UE, el euro, la moneda común, subió de forma espectacular en el FX. Prevalecía el optimismo y la confianza en el proyecto común europeo, que parecía estar en pleno apogeo.

Si avanzamos hasta marzo de 2021, vemos que todavía no se ha desembolsado ni un solo euro a ninguno de los países miembros. Por el contrario, Estados Unidos ya ha llevado a cabo dos rondas o más de estímulos fiscales y de forma directa a sus ciudadanos, lo que ha hecho que la recuperación económica en dicha potencia mundial haya sido mucho más rápida que en Europa.

Paciencia: Un concepto recurrente para Europa

El problema con el programa de la Nueva Generación de la UE es que se supone que debe ser desembolsado a tiempo. Y es que durante una pandemia, la gente no tiene paciencia (algo lógico).

Se supone que el impacto acumulado en el PIB real de los fondos de la UE del proyecto Nueva Generación será del 12 % del PIB de la zona euro en 2026: algo asombroso a todas luces. Sin embargo, el camino que queda por recorrer es todavía tortuoso y, por el momento, hay dos problemas clave para la región.

Uno es el de la vacuna. La Comisión Europeo encargó las dosis demasiado tarde y no consigue suministrarlas en los plazos convenidos. Hizo un pedido para toda la Unión Europea con la esperanza de obtener así mejores precios y, por tanto, conseguir reducir el coste. Lo consiguió, pero a costa de un retraso en las entregas. Al final, la incapacidad para desplegar la vacuna como se debería afecta a los porcentajes del PIB y probablemente supondrá un mayor coste a largo plazo.

El otro problema viene del modo en que la Nueva Generación de la UE se diseñó. Un año de pandemia y no se ha logrado distribuir euro alguno.

Esta ralentización en hacer llegar los fondos y las vacunas puede pasar factura a largo plazo. Ahora que el Reino Unido va por libre, el peligro de que más gente comience a rechazar el formar parte de la Unión Europea está ahí, pues la burocracia no gusta.

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