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Los temores de deflación se acentúan a medida que la velocidad del dinero disminuye

27 mayo, 2020 By Mircea Vasiu

Una de las creencias económicas más comunes es que, cuando los bancos centrales crean liquidez, la inflación sube. Lo que significa que el dinero pierde valor simplemente porque hay demasiado para pocos productos.

Este es uno de los principios básicos de la teoría monetaria, pero hay algo más. Es cierto que si la velocidad del dinero (M2) aumenta, todo el dinero adicional que hayan podido crear los bancos centrales no irá a dónde se le necesita (por ejemplo, la economía real). Cuando no hay velocidad en el dinero, el PBI se contrae, lo que implica que no hay posibilidades de inflación.

La velocidad del dinero, en caída libre durante las dos últimas décadas

Los bancos centrales usan diferentes medidas para cuantificar la cantidad de dinero que está en circulación. Por ejemplo, en los Estados Unidos, la velocidad M1 incluye los depósitos en efectivo y en cheques. La velocidad M2, por otra parte, abarca M1, pero también tiene en cuenta los depósitos de ahorro, los valores del mercado monetario, los fondos mutuos y otros depósitos a plazo.

La velocidad M2 es una de las medidas que más se utilizan para analizar la oferta monetaria. También llamada «dinero cercano» o «cuasidinero», la velocidad M2 indica que desde el año 2000 la velocidad del dinero se mantiene con una tendencia decreciente.

Una rápida mirada a otros países desarrollados permite deducir que la velocidad M2 también decae en otras partes del mundo. Europa, Japón e incluso China muestran una tendencia similar para la velocidad M2 del dinero.

Analicemos el gráfico superior. Muestra la relación entre la oferta de dinero M2 y la velocidad M2 del mismo. Desde el año 2000 hasta ahora, la velocidad del dinero continúa disminuyendo de forma constante, mientras que la oferta de dinero se ha incrementado de forma notable.

En estos últimos meses de 2020, la oferta monetaria se ha acelerado enormemente. Sin embargo, al mismo tiempo, la velocidad del dinero ha caído aún más.

La conclusión es que, cuando se usa la misma medida amplia para el dinero (en este caso, M2), no importa cuánto dinero se cree de la nada (por ejemplo, cuando los bancos centrales compran los bonos de sus propios gobiernos), la inflación no volverá a los niveles esperados a corto plazo.

Todo lo contrario: si la velocidad de la misma medida para la oferta monetaria sigue disminuyendo a pesar de las grandes cantidades de dinero que se han creado, tendríamos que preocuparnos por una deflación para el próximo período y no por una inflación.

Los bancos centrales modernos tienen como objetivo una inflación del 2 % y consideran que ese es el nivel que se necesita para un crecimiento económico sostenible. Pero solo con creación de dinero no se va a lograr que la inflación se acerque al objetivo si dicho dinero simplemente se deposita en cuentas bancarias o cubre «agujeros negros» de la economía.

Hasta que la gente y las empresas recuperen la confianza para gastar e invertir, debemos preocuparnos de la deflación y no de la inflación.