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La peor crisis en los mercados financieros en 60 años

4 febrero, 2009 By Alfonso Ramirez

 La crisis financiera actual fue propiciada por una burbuja en el mercado inmobiliario de los E.E.U.U. En cierto modo se asemeja a otras crisis que han ocurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial en intervalos que se extendían 4 a 10 años.

 Sin embargo, hay una diferencia profunda: la crisis actual marca el final de una era de extensión de crédito basada en el dólar como la moneda de reserva internacional. Las crisis periódicas eran parte de un proceso global de subidas-bajadas. La crisis actual es la culminación de un auge exponencial que ha durado por más de 60 años.

 Los procesos de subidas-bajadas en los mercado giran generalmente alrededor del crédito e implican siempre una idea falsa. Esto es generalmente una falta de reconocer una conexión reflexiva y circular entre la buena voluntad de prestar y el valor colateral del crédito. La facilidad de crédito genera la demanda que empuja hacia arriba el mercado, lo que aumenta la cantidad de crédito disponible. Una burbuja comienza cuando la gente compra casas con la expectativa de que ella puede financiar de nuevo sus hipotecas con un beneficio añadido. El estupendo auge de los últimos 60 años es un caso más complicado.

 Cada vez que la extensión de crédito funcionó las autoridades financieras intervinieron de forma apurada, inyectando liquidez y encontrando otras maneras de estimular la economía. Eso creó un sistema de incentivos asimétricos, que animó a una facilidad de crédito siempre mayor. El sistema era tan acertado que la gente creyó en lo que llamó el ex presidente de EE. UU. Ronald Reagan la magia del mercado y el fundamentalismo del mercado. Los fundamentalistas creen que los mercados tienden hacia el equilibrio y el interés común se alcanza mejor permitiendo que los participantes persigan su interés propio. Es una idea falsa obvia, porque era la intervención de las autoridades lo que evitó que los mercados financieros colapsaran, no los mercados en sí mismos. Sin embargo, el fundamentalismo del mercado emergió como la ideología dominante en los años 80, cuando los mercados financieros comenzaron a globalizarse y los E.E.U.U. comenzaron a acumular déficit en sus cuentas.

 La globalización permitió que los E.E.U.U. aspiraran a incrementar los ahorros de todo el mundo y a consumir más de lo que producía. El déficit de los E.E.U.U. alcanzó el 6.2 por ciento del Producto Nacional Bruto en 2006. Los mercados financieros animaron a los consumidores a pedir prestamos introduciendo nuevos instrumentos sofisticados. Las autoridades ayudaron e incitaron al proceso interviniendo siempre que el sistema financiero global se asomaba al peligro. Desde el añoo 80, las regulaciones se han relajado progresivamente hasta el punto de que algunas ha llegado prácticamente a la desparición.

 El estupendo auge siguió su camino de rosas cuando los nuevos productos llegaron a ser tan complicados que las autoridades no podían apeanas ni calcular los riesgos y comenzó la confianza en los métodos de los bancos para gestionar ellos mismos los riesgos. De este mismo modo, la mayoría de agencias y corredores respetables confiaron en la información proporcionada por los autores de productos sintéticos. Esta confianza ciega no es más que una abdicación impactante de la responsabilidad.

 Todo lo que podría salir mal se hizo. Reaseguro de hipotecas, entensión de hipotaciones para cubrir otras obligaciones de deuda, etc. Las comisiones de los bancos de inversión en el comercio apalancado se convirtieron en responsabilidades. Los fondos de cobertura mercados neutrales resultaron no ser mercados neutrales. El comercio respaldado por activos vino a una parada y un vehículo especial de inversión utilizado por los bancos para cubir deudas que sus balances no podían cubrir. El soplo final vino cuando los préstamos interbancarios, el corazón del sistema financiero, fue interrumpido porque los bancos tuvieron que hacer de sus recursos. Los Bancos Centrales tuvieron que inyectar una cantidad de dinero sin precedente y ampliar crédito a una gama más amplia de instituciones que nunca. Eso hizo la crisis más severa que cualesquiera desde la Segunda Guerra Mundial.

 Al perído de extensión de crédito le debe ahora seguir un período de contracción, porque algunos de los nuevos instrumentos y prácticas de crédito son falsas e insostenibles. La posibilidad de las autoridades financieras estadounidenses de estimular la economía es obligada por la desgana del resto del mundo de acumular reservas adicionales del dólar. Hasta hace poco tiempo, los inversionistas esperaban que la Reserva Federal de los E.E.U.U. haría lo que fuese para evitar una recesión, porque eso es lo que hizo en ocasiones anteriores. Ahora tendrán que aceptar que la FED no puede hacer más. Con petróleo, el alimento y otras materias primas, la FED también tiene que preocuparse de la inflación. Si los Fondos Federales bajaran más allá de cierto punto, el dólar tendría una fuerte presión. Donde está ese punto, es imposible de determinar. Cuando se alcanza, la capacidad del Fed de estimular la economía acaba.

 Aunque una recesión en el mundo desarrollado sea más o menos inevitable ahora, China, la India y algo de los países productores de petróleo están en una tendencia muy fuerte. Así pues, la crisis financiera actual no causará, probablemente, una recesión global, sino más bien una realineación radical de la economía global, con una declinación relativa de los E.E.U.U. y la subida de China y otros países.

 El peligro es que las tensiones políticas resultantes, incluyendo el proteccionismo de los E.E.U.U., pueden interrumpir la economía global y hundir el mundo en la recesión o algo mucho peor.