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La inflación según la conciben los bancos centrales

El temor de los operadores a la inflación ha aumentado últimamente debido a la subida de las materias primas y a pesar de que el IPC medio interanual disminuye.

La Reserva Federal de Estados Unidos dejó ayer su política monetaria sin cambios. Los operadores de todo el mundo siguieron muy de cerca el evento, sobre todo la conferencia de prensa posterior que dio al presidente de la Fed, Jerome Powell, la oportunidad de explicar las decisiones tomadas por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC).

Uno de los temas centrales fue, cómo no, la inflación. La Fed cambió durante la pandemia su mandato a este respecto para pasar de tener un objetivo de inflación fijado en el 2 % a buscar un objetivo de inflación promedio del 2 %. El cambio se produjo en agosto de 2020.

La gente está cada vez más preocupada por la inflación, que suele empezar por las materias primas como cobertura tradicional contra la inflación. Los precios de la madera y la vivienda están en máximos históricos. La inflación de los alimentos está en el nivel más alto de los últimos siete años. Vemos esta cifras todos los días y, sin embargo, la inflación del IPC de la Fed está el nivel más bajo de los últimos siete años. Es más, incluso cae. ¿Cómo es posible y qué significa para la futura política monetaria?

Entender la inflación

La inflación es uno de los conceptos económicos primordiales que todo operador debe comprender si se quiere adentrar en los entresijos de los mercados financieros. También conocido como índice de precios al consumo (IPC), la inflación muestra la variación de precios de los bienes y servicios a lo largo de un periodo concreto. Se calcula mensualmente para que los analistas, investigadores y participantes del mercado puedan seguirla e interpretarla.

Cuando la inflación se desboca se convierte en hiperinflación, como, por ejemplo, en Argentina, Venezuela o Turquía. Con ello, a la larga, el dinero muere.

El aumento de la inflación (pero con menores tasas de crecimiento) se denomina desinflación.

Por último, cuando la inflación cae, se llama deflación.

La deflación es la que más temen los bancos, ya que es la más difícil de afrontar.

El problema surge de la forma en que se calcula la inflación. Como cualquier índice, depende de lo que haya en él. El IPC se basa en el precio de los alimentos, la ropa, la vivienda y el combustible. Se excluyen, por tanto, muchas subcategorías y los precios se recogen mensualmente de unos pocos miles de hogares en más de ochenta zonas urbanas. Eso es todo.

¿Qué tiene que ver con los gastos habituales del hogar? Prácticamente nada. Un estudio reciente entre adultos estadounidenses muestra que menos del 2 % no está preocupado en absoluto por el aumento de los gastos del hogar. Cualquiera que tenga hijos en la escuela sabe que los costes de la educación están por las nubes, al igual que los de sanidad, y, sin embargo, estos precios se excluyen del cálculo de la inflación.

En resumen, antes de argumentar que la Reserva Federal debería actuar cuando los precios estén de verdad subiendo, hay que asegurarse de si se está pensando o no en la inflación del mismo modo en que lo hace la Fed.

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