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La inflación en Japón: Dos décadas de lucha del Banco de Japón

28 julio, 2020 By Mircea Vasiu

Todos los bancos centrales del mundo desarrollado tienen un mandato relacionado con la inflación. Los banqueros centrales han acordado que los niveles de inflación alrededor del 2 % son suficientes para impulsar el crecimiento económico a la vez que disminuyen el riesgo de deflación.

Sin embargo, no todas las economías son iguales. En algunas partes del mundo, como en Japón, la demografía desempeña un papel muy importante, ya que la población anciana no muestra tanto deseo de gastar como la gente joven. Por eso, el Banco de Japón se ha convertido en el banco más proactivo del mundo, puesto que aplica medidas que han sido consideradas como innovadoras por las jurisdicciones de otros bancos centrales.

Medidas del Banco de Japón para estimular la inflación

Esta semana ha comenzado con el anuncio del Banco de Japón del nivel de inflación. Apenas alcanza el 0.1 % (las expectativas eran del 0 %). Básicamente permanece plana, en niveles que se acercan peligrosamente al terreno de la deflación. Hay todavía mucho que recorrer para llegar al objetivo del 2 % y la actual pandemia del coronavirus hace que las cosas vayan aún peor.

El gráfico superior muestra el impacto de una recesión económica en cuanto a la inflación. Una mirada de cerca al lateral izquierdo del gráfico pone al descubierto cómo la inflación cayó durante la gran crisis financiera de 2008-2009, desde valores por encima del 1 % a valores por debajo del -1 %.

En concreto, en un par de años, el BOJ ha visto cómo la inflación ha caído desde valores próximos al objetivo a terrenos que están ya dentro de la deflación. Por lo tanto, sus esfuerzos por devolver la inflación al nivel deseado se han visto arruinados por la crisis financiera global que comenzó en el sector doméstico estadounidense.

A partir de ese momento, el BOJ ha usado todas las artimañas posibles para hacer subir de nuevo la inflación y, en consecuencia, influir en los flujos de entrada y salida de la moneda local, el yen japonés (JPY). Solo en 2010, compró 5 billones de yenes en activos, en 2011 amplió el QE (programa de expansión cuantitativa) en otros 5 billones de yenes al comprar bonos del gobierno japonés (JGBs) y, finalmente, en 2013, comenzó el programa QQE.

Las siglas QQE (Qualitative and Quantitative Easing), que significan Flexibilización Cuantitativa y Cualitativa, se utilizan para un programa de política monetaria que consiste en su expansión anual por valor de 60-70 billones de yenes. Aun así, después de siete años con el programa y con el control de la curva de rendimiento (YCC) en funcionamiento desde 2016, no se ve la inflación por ninguna parte en Japón.

La actual crisis sanitaria es, además, otro problema para los esfuerzos del BOJ por acercar la inflación a su objetivo. Si bien el PIB japonés no parece estar tan afectado como, digamos, el francés o el italiano, el problema se deriva de la reticencia de la gente a gastar.

En otras palabras, es una lección que otros bancos centrales tendrían que aprender: no importa la cantidad de dinero que se inyecte en una economía. Si el consumidor no gasta, es muy difícil que el mandato sobre inflación se alcance.