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La crisis de Kobe Steel es más que un problema de gobierno corporativo

1 noviembre, 2017 By Equipo de EFXTO

La crisis que se desarrolla en Kobe Steel deja al descubierto algunas preguntas incómodas para todos los altos ejecutivos.

Para aquellos que no han seguido la historia, los hechos son estos. Se han suministrado datos falsificados de inspección de calidad para piezas de aluminio, cobre y acero a una amplia gama de industrias en todo el mundo, incluidos fabricantes de aviones, fabricantes de automóviles y la industria de la construcción.

Enorme daño a su reputación corporativa

Las estimaciones sugieren que la falsificación de datos ha estado en curso durante alrededor de 10 años, si no más.

Los impactos comerciales y legales de este escándalo ya se están aclarando. Una de las compañías más grandes de Japón está ahora de rodillas, con un enorme daño a su reputación corporativa, un precio de las acciones colapsadas y el potencial de décadas de costosos litigios.

Además, la Agencia Europea de Seguridad Aérea ya ha informado a los fabricantes de aviones que compren acero de fuentes alternativas y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos está investigando.

Lo que es imposible de evaluar con precisión es, parafraseando una de las líneas más famosas de Watergate, «lo que sabía el consejo y cuando el consejo lo sabía».

Falsificación de datos

Está claro es que ha habido una falla institucional crónica y la junta debe asumir la responsabilidad final. Hay preguntas obvias para responder sobre la falsificación de datos, pero sospecho que algo mucho más profundo está sucediendo aquí.

Una de las ironías del debate sobre la gobernanza es que, en tiempos de crisis, las preguntas sobre el gobierno corporativo a nivel de la junta se transmiten rápidamente. Con demasiada frecuencia, sin embargo, la cuestión clave es operativa, con un factor clave es la cultura de la empresa.

En Kobe Steel, la falsificación de datos parece haberse convertido en la norma, una práctica aceptada que no ha sido cuestionada ni denunciada. Ese es un problema cultural, que cae bajo el gobierno operativo.

La crisis pone de relieve una abundancia de preguntas que las juntas directivas de todas las empresas deben preguntarse sobre sus propias culturas.

¿Qué medidas puede presentar la junta para asegurar que la comunicación sea bidireccional y no solo un enfoque de arriba hacia abajo?

¿La junta solo obtiene información de los canales oficiales y qué riesgo representa eso?

Alborotadores molestos

¿A qué canales no oficiales pueden acceder los directores no ejecutivos, en particular, para obtener una visión más completa de las operaciones de la compañía?

¿Los empleados denunciantes son tratados como alborotadores molestos o, como deberían ser, un sistema de alerta temprana y una parte valiosa del circuito de retroalimentación?

Fundamentalmente, ¿pueden los denunciantes llevar las cosas a los altos directivos y a la junta directiva sin temor a perder su trabajo o negarles el ascenso?

Estas preguntas solo pueden responderse si la junta directiva está dispuesta a ampliar sus propias competencias, fuera de los límites normales, y adoptar una visión más integral de sus empresas y sus propias responsabilidades.

La junta se encuentra en el vértice de una organización, muy a menudo eliminada de las operaciones diarias, pero las respuestas a estas preguntas se encontrarán en el cuerpo de la organización que no está en el comité de auditoría y remuneración