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La cara oculta de la UE

24 septiembre, 2020 By Mircea Vasiu

El proyecto europeo, nacido hace ya varias décadas, surgió con el deseo de acabar con siglos de enemistad entre las naciones europeas. Había escépticos y todavía los hay. Después de todo, ¿se suponía que había que creer que los franceses se besarían y harían las paces con los alemanes o que las economías del sur se comportarían mejor que las nórdicas así sin más?

Y aun así, la realidad ha visto un resultado sorprendente. Enfrentadas a las adversidades, las naciones europeas se han unido para trabajar juntas en lo que ya es el mayor éxito de unión aduanera y monetaria de la historia mundial.

Sin embargo, todavía hay algunas discrepancias y ¿cuándo vuelven a aparecer si no es en tiempos de crisis?

Los que dan y los que reciben

Esta semana, un artículo del Financial Times ha destacado qué países se van a beneficiar más del inminente fondo de recuperación de la UE. No resulta sorprendente que los «frugales», los países del norte, contribuyan en mayor medida al éxito de la periferia.

No hace falta decir que el gráfico superior ha provocado discusiones sobre cómo la periferia se aprovecha del núcleo de la unión. Cómo los ahorradores alemanes y las compañías suecas gastan dinero en sacar de la miseria a Rumanía, Polonia o Croacia.

Hasta cierto punto, los comentarios son correctos. Pero, antes de sacar la información fuera de contexto, es mejor echar un vistazo al panorama general.

Después de la creación del mercado único, uno de los mayores logros de la Unión Europea, algunos países situados en el centro de Europa olvidaron que de pronto tenían miles de millones de personas a las que vender sus productos, y eso, sin fronteras. De repente, Suecia olvidó que la mejor tienda de Ikea en términos de ventas por metro cuadrado durante toda una década está situada en Bucarest. E, incluso, hay gente que ha olvidado que el Metro de Alemania, el minorista a gran escala, creció drásticamente al expandirse hacia el este.

Esa expansión hacia el este es lo que ha hecho a Europa tan fuerte como lo es hoy. Al añadir nuevas personas al mercado único, ha alcanzado los 500 millones que tiene hoy. Esto, a su vez, da un gran poder de negociación con otros países.

En otras palabras, la verdad, como siempre, reside en el término medio. Sí, es cierto que la periferia necesita ayuda ahora, como la necesitó en el pasado y probablemente la necesitará en el futuro. Sí, es cierto que el euro ha ayudado a los países del sur que estaban atrapados en la devaluación de sus monedas. Pero lo mismo ocurre en la otra dirección: los países periféricos han ayudado a los centrales a lograr un crecimiento económico sostenido en el pasado, a la vez que el euro ha contribuido a evitar una moneda más fuerte como la que habrían tenido en otras circunstancias Alemania, Francia o los Países Bajos.

En resumen, estas discusiones nunca son constructivas. Cuando las cosas se ponen difíciles, las familias se unen y luchan. Es mejor que Europa también lo haga o los mercados financieros serán conscientes de su debilidad y buscarán rendimientos más altos en detrimento de todos los estados miembros de la UE.