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Grandes discrepancias entre los países de la zona euro en cuanto a datos de producción industrial

18 agosto, 2020 By Mircea Vasiu

El euro como moneda común es uno de los pilares sobre los que se ha construido la Unión Europea. Durante su tiempo al frente del BCE, Mario Draghi ha dejado claro que sin el euro no habría Unión Europea.

Por desgracia, en tiempos de crisis, los principales beneficios de tener una moneda común desaparecen. Los países que tienen una moneda soberana tienen la capacidad de imprimirla para buscar una salida de los problemas. Pero si se depende de la impresión del EUR, esa opción no es posible.

Otra curiosidad del proyecto europeo viene dada por los diferentes tipos de economías que están bajo la sombra del EUR. En algunas partes de la zona euro, el turismo es la principal fuente de ingresos para los gobiernos (por ejemplo, España y Grecia). En otras partes, son los servicios financieros (Fráncfort, Ámsterdam, París). Y así podríamos seguir.

Por esta razón, cuando se interpretan datos económicos de la Unión Europea, los inversores tienen que prestar especial atención. Los datos siempre se presentan como un promedio del nivel de la Unión Europea y después por países. Estos últimos son los que reflejan la dificultad de manejar el euro y lo difícil que es para el BCE establecer una política monetaria adecuada para la zona euro en su totalidad.

Diferentes economías, diferentes problemas, una misma moneda

El proyecto europeo ha tenido muchos detractores a través del tiempo. La historia nos dice que, tarde o temprano, las uniones monetarias están condenadas al fracaso. La razón que más se argumenta es que no se puede aplicar la misma medicina (en este caso, la política monetaria) a todos los pacientes (o sea, países).

Sin embargo, un banco central flexible como el BCE ha demostrado que sí se puede. Y hasta el momento, lo ha hecho.

Los últimos datos de la producción industrial de junio 2020 muestran lo diversas que son las economías de la zona euro. Desde un aumento del 4 % en Irlanda a un descenso del -15 % en Portugal, el rango es tan amplio que parece imposible para el banco central abordar el problema.

Las crisis económicas son conocidas por poner a prueba la capacidad de innovación de los responsables políticos. Se ponen sobre la mesa nuevos instrumentos aunque es posible que no funcionen adecuadamente en una primera implementación. Con el tiempo, una vez que la crisis ha pasado, llega el momento de afinarlos, pero en el momento de su introducción el objetivo es solucionar el problema. Punto.

El BCE ha elegido desviarse de las claves de capital en su programa de flexibilización cuantitativa. Dicho de otro modo, su flexibilidad ha permitido comprar más deuda nacional de los países más afectados por la crisis y menos de aquellos que han capeado mejor el temporal.

Y así es cómo se resuelve el problema de tener una moneda común. Si el BCE se mantiene tan proactivo como lo ha sido desde la gran crisis financiera de 2008-2009, el euro está aquí para quedarse.