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Gestionar el déficit fiscal: El mayor desafío de los próximos años

La política fiscal se considera desde hace mucho tiempo como un medio para alcanzar un fin: estimular la política económica en tiempos difíciles o evitar el recalentamiento de la economía, hecho que ocurre cuando esta se desarrolla a un ritmo insostenible.  

En términos sencillos, la política fiscal hace referencia a la forma en que un gobierno reúne y reparte recursos financieros.

Al igual que ocurre con los hogares y las empresas, los gobiernos tienen ingresos y gastos. Por ejemplo, los impuestos son ingresos mientras que los proyectos de infraestructura son un modelo de gastos. Cuando un gobierno tiene más gastos que ingresos, recurre a los mercados financieros y pide prestada la diferencia, tal y como hacen las familias y las empresas cuando acumulan deuda.

Estímulos récord para luchar contra la pandemia

En el momento de escribir este artículo, el Presidente de los Estados Unidos acaba de firmar la ley relacionada con el coronavirus. Entre otras medidas, supone una nueva ronda de estímulos directos mediante cheques individuales de 600 $. Se habla de que dicha cantidad podría aumentarse hasta los 2000 $ y no debería sorprendernos que eso ocurriera pronto.

Después de todo, los gobiernos de todo el mundo han inyectado más de 10 billones de dólares en forma de paquetes fiscales diseñados para ayudar a las familias y las empresas durante la pandemia. Un estudio de McKinsey&Company muestra que, entre los países del G20, las medidas fiscales que se han adoptado durante la pandemia de la COVID-19 se han multiplicado por tres en relación con las que se tomaron durante la gran crisis financiera de 2008-2009.

Durante épocas de normalidad económica, esas medidas se considerarían inaceptables. El único problema es que estos nos son tiempos de normalidad económica y, como ha dicho Jerome Powell, presidente de la Fed, en numerosas ocasiones a lo largo de este año, este no es el momento de preocuparse por los efectos colaterales de demasiado estímulo fiscal. En otras palabras, salgamos de la crisis sanitaria y luego ya veremos cómo afrontar el lío.

La cuestión del incremento de los déficits fiscales en todo el mundo es cómo gestionarlos una vez que la crisis haya quedado atrás. Muchos países ven cómo su déficit fiscal crece y crece cada día. Devolver la deuda significará más costos y sacrificios en el futuro.

Recordemos, como se dijo en el principio del artículo, que los impuestos son una de las principales herramientas que usan los gobiernos para recaudar ingresos. Para cumplir con los déficits fiscales globales en el período 2020-2023 se cree que los gobiernos harán una de estas dos cosas: o bien subir los impuestos en un 50 % o reducir el gasto público en un 25 %.

O sea, un gobierno puede salir fácilmente del problema. Sin embargo, esto solo funciona si la nueva deuda ha sido emitida en la moneda local. Por ejemplo, los Estados Unidos han emitido deuda en dólares estadounidenses y, al permitir que la inflación se aleje del objetivo del 2 %, lo tendrán bastante fácil para devolver la deuda denominada en USD. En los tableros del mercado de divisas, esto disparará las tendencias bajistas del dólar estadounidense.

Sin embargo, la respuesta no es tan sencilla. Puesto que el dólar es la moneda de reserva mundial, muchos países del mundo han emitido deuda no en su moneda nacional sino en USD. Pero incluso si el USD se depreciara, otras monedas se apreciarían frente a él.

¿Cuáles lo harían, ya que todo el mundo quiere una moneda baja?

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