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El impacto económico de nuevos cierres en Europa

4 noviembre, 2020 By Mircea Vasiu

Las economías europeas se están enfrentando a uno de los momentos más difíciles desde que comenzó el proyecto común. Ni siquiera tras la gran crisis financiera de 2008-2009 o durante la crisis de la deuda soberana europea en 2012 se deterioraron tanto las perspectivas económicas como lo han hecho en este último mes.

Una vez que la primera ola de la pandemia quedó atrás, muchas organizaciones internacionales (por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional) hablaron de una recuperación gradual durante 2020. Y para 2021 se preveía recuperar parte, si no todo, del crecimiento económico que se había perdido.

En ningún caso se pensaba en un segundo cierre. Pero resulta que la segunda ola de la pandemia está golpeando Europa en su peor momento: la incertidumbre es mucho mayor ahora de lo que lo fue en la primera ola.

Novedades en la segunda ola de la pandemia

En realidad, todo. Para empezar diremos que, en primavera, la idea inicial era que, si los países europeos se las arreglaban para bajar el número de infecciones (y muertes), de alguna manera podrían seguir hacia delante aunque a un ritmo más bajo.

Los argumentos que se daban hacían referencia al hecho de que el personal médico estaba aprendiendo mucho sobre la enfermedad, cómo tratarla, qué cosas funcionan mejor, etc. El invierno parecía lejano y la mayor parte de los países apostaban a que estarían más preparados para manejar una (posible) segunda ola. Es cierto que están mejor preparados (la infraestructura médica ha mejorado, los suministros llegan a tiempo, hay dinero, etc.). Sin embargo, como el virus se está extendiendo con mucha rapidez y de una forma mucho más agresiva, crece la incertidumbre acerca de la capacidad europea para mantener el número de infecciones en un nivel bajo.

Lógicamente, las empresas no se muestran favorables a gastar en un ambiente semejante. Su comportamiento de gasto está cambiando, se posponen las inversiones, la producción disminuye así como la demanda agregada. Para decirlo de una forma más sencilla: el PIB se contrae y la recesión económica es más profunda de lo que se había pensado en un principio.

Algunos bancos de inversión ya han revisado las perspectivas económicas para Europa. JP Morgan ha sido el primero en hacerlo, con una corrección desde valores positivos a un 2 % negativo. En total, una reducción del 4 % en el crecimiento y esto es solo el principio.

El BCE tendrá que hacer algo más y lo hará. El mercado espera que en la reunión de diciembre se apruebe una mayor flexibilización. Sin embargo, también se necesita ayuda fiscal. La deuda subirá y se alzarán voces contra el gasto y el estímulo. Pero la economía europea está corriendo el riesgo de perder su competitividad, ya que los negocios privados están en peligro.

Asia ha capeado la pandemia mucho mejor. Australia acaba de avisar de la necesidad de una mayor flexibilización y de más estímulos económicos. Y hace esta advertencia a la vez que controla la expansión del virus mucho mejor de lo que Europa lo está haciendo en este momento o lo ha hecho en el pasado.

A los países europeos les esperan tiempos difíciles. Momentos de desesperación requieren medidas desesperadas y aumentar el gasto es la única solución para evitar quiebras a gran escala.