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¿El fin de las monedas fiduciarias?

1 septiembre, 2020 By Mircea Vasiu

Cinco décadas después del famoso discurso de Nixon en la década de 1970, las monedas fiduciarias se enfrentan a la mayor prueba de su vida. El oro está en alza, la correlación del bitcoin con el oro ha alcanzado niveles muy elevados y, de repente, las monedas fiduciarias se encuentran con que tienen competencia.

Se ha necesitado una pandemia para darse cuenta de que las monedas fiduciarias, finalmente, se enfrentan a su fin. ¿Es esto cierto?

La historia apoya la tesis

Un estudio de más de setecientas monedas fiduciarias diferentes estableció que no se recuerda ninguna moneda fiduciaria que haya mantenido su valor a largo plazo. Por largo plazo se entiende un siglo o más.

Además, la hiperinflación acabó con más de 150 de las monedas examinadas. Otro 12 % se revocó a raíz de la independencia. Más aún, alrededor de una cuarta parte de las monedas fiduciarias que se estudiaron fueron «reformadas monetariamente». Por último, el 23 % de ellas sigue todavía en circulación.

Esto significa que ese 23 % de las monedas que aún está circulando pasará por una u otra de las soluciones señaladas anteriormente. Durante la pandemia, los bancos centrales y los gobiernos se han apresurado a emitir dinero nuevo y a introducirlo en la economía, lo que, efectivamente, ha diluido el valor del dinero. O degradado la moneda, como les gusta decir a los economistas.

Los temores a la inflación están en todas partes. Por lo tanto, es más que probable que la hiperinflación sea la causa del fin del resto de las monedas, antes que la independencia y las otras soluciones recogidas con anterioridad. Pero es necesario considerar algunos aspectos antes de declarar el fin del dinero tal y como lo conocemos.

En primer lugar, el dinero ha dejado de fluir. A pesar de las grandes cantidades de monedas fiduciarias que se han emitido y hecho llegar a la población, la tasa de ahorro sigue creciendo. La gente tiene miedo de gastar, hay incertidumbre por todas partes y el beneficio económico no acaba de aparecer. Todo este tiempo, los bancos centrales han emitido dinero nuevo y la velocidad del dinero ha caído a un mínimo histórico. La hiperinflación no es posible si no aumenta la velocidad del dinero.

En segundo lugar, los bancos centrales han evolucionado con el tiempo y alcanzado nuevos niveles. Degradar una moneda no es tan fácil como lo era en el pasado, del mismo modo que ahora es más fácil para los bancos centrales intervenir y empujar una moneda en la dirección correcta.

Lo que resulta gracioso es que, durante tiempos económicos normales, todas las voces que ahora gritan y advierten sobre la hiperinflación se silenciaron durante décadas. De repente, los bancos centrales han ofrecido una razón.

Sin embargo, la inflación o el temor a la inflación es lo que vende. Del mismo modo que ocurre con las noticias: el miedo vende más que las buenas noticias. Por lo tanto, es normal que la gente se centre ahora en la inflación, ya que eso es de lo que oyen hablar durante todo el día.

No obstante, ¿por qué no le damos la vuelta al razonamiento? En lugar de centrarnos en el hecho de que todas las monedas fiduciarias, con excepción de ese 23 %, han desaparecido y de asumir que estas también lo harán, ¿por qué no pensamos que las mejores monedas fiduciarias han sobrevivido?

El dinero nunca morirá. De una u otra forma, encontrará una manera de sobrevivir o la humanidad, como especie, dejará de existir.