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El euro digital: ¿Una amenaza para Bitcoin?

2 octubre, 2020 By Mircea Vasiu

El mes pasado, el BCE solicitó registrar la marca de euro digital. La noticia pasó sin pena ni gloria, pero era algo que se esperaba.

Desde la llegada de Christine Lagarde al BCE, las monedas digitales han sido un tema que se ha tocado en diversas ocasiones. Un euro digital impulsaría al BCE y lo metería de lleno en la era digital, lo que crearía, además, competencia en el mercado criptográfico no regulado.

¿Pero qué es lo que no gusta de un proyecto así? Pues a no ser que uno tenga criptoactivos, a todas luces parece una gran idea.

El BCE se prepara para emitir un euro digital

Por el momento, las declaraciones oficiales del BCE piden una preparación del euro digital en caso de que sea necesario. Es decir, que se plantean implementarlo en algún momento futuro y, por tanto, debemos estar preparados. Registrar la marca es un paso inequívoco en esa dirección.

Sin embargo, cuando un banco central del tamaño y la importancia del BCE dedica recursos a algo así, el mercado presta atención. Otros bancos centrales han discutido la misma idea en el pasado. Ahí tenemos los ejemplos del Banco de Canadá o el Banco de Inglaterra. Sin embargo, es el BCE el primero en hacer algo de verdad hasta ahora. Lo cual, como nota al margen, es cuanto menos sorprendente, pues Europa, tradicionalmente, se mueve con cierta lentitud.

Esto no quiere decir que un euro digital vaya a eliminar el efectivo, más bien lo complementará. Ofrecerá acceso y pagos fáciles. Más importante aún, el cumplimiento de la ley se antoja crucial para el desarrollo de dicho euro digital.

Pero vayamos al tema del artículo. Hasta este momento, la idea de una moneda digital regulada nunca había existido. Y mucho menos que esta estuviese controlada por un banco central.

A pesar de todo el entusiasmo inicial, ni Bitcoin ni Ripple ni Ethereum, por mencionar solo algunos criptoactivos, han logrado cumplir con las expectativas. Aparte de algunos pocos especuladores, la adopción es mínima y, a nivel social, parece que estamos ante opciones de poca utilidad.

Por supuesto, los llamados HODLERS (aquellos que invierten en criptodivisas y las mantienen en el largo plazo con la esperanza de que su valor suba) argumentarán que una moneda digital de un banco central puede degradarse con facilidad, pues arrastra los mismos problemas que cualquier otra moneda fiduciaria. Bitcoin, por otro lado, jamás puede perder su valor por su naturaleza deflacionaria.

Y tal vez ahí tengan razón. Pero ningún HODLER debería dormir tranquilo sabiendo que un banco central piensa entrar en el espacio digital.

Puede ser solo el principio del fin del mercado no regulado de las criptodivisas que existe hoy en día.

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