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El consumo familiar: clave para sacar a Europa de la recesión

26 mayo, 2020 By Mircea Vasiu

Una pregunta frecuente entre los economistas y los inversores es cuándo se reanudará la vida normal. En concreto, cuánto tiempo más afectará la recesión a la economía global.

Si observamos la decisión que los consumidores europeos han tomado con respecto a sus ahorros, la respuesta es que la gente ha decidido frenar el consumo. El miedo y la incertidumbre sobre el futuro son más fuertes que cualquier incentivo para salir y gastar.

Gran aumento del ahorro europeo

En Europa, ha habido un gran incremento del ahorro. Con la excepción de Alemania, que ha optado por el dinero en efectivo, la variación mes a mes en los depósitos bancarios de los países europeos muestra un crecimiento espectacular de los mismos comparado con la media a largo plazo, lo que se puede considerar como una mala noticia para una rápida recuperación económica

Lo interesantes es que, históricamente, el consumo y las exportaciones son los que tiende a sacar a Europa de las recesiones.

Un reciente estudio de McKinsey pone de manifiesto que en las últimas tres recesiones en Europa (1974, 1992, 2008) el consumo de los hogares en el primer año de recuperación pasó a ser el 2.5 % del PIB y llegó a alcanzar el 5 % del PIB al final del año.

A juzgar por los recientes datos de los depósitos bancarios arriba mencionados, el consumidor no se encuentra aún en ese punto. Es más, los hogares no solo utilizan su dinero para depositar fondos sino también para comprar deuda soberana.

Italia, por ejemplo, ha vendido, solo a ahorradores e inversores nacionales, 22 300 millones de euros en bonos vinculados a la inflación en este mes de mayo. Más de la mitad de esa cantidad (14 000 millones de euros) fue comprada por el sector minorista italiano.

Antes de interpretar estas cifras como muy altas o muy bajas, tenemos que considerar que los hogares italianos tienen un total de activos financieros de 4.4 billones de euros. Solo el seis por ciento de estos activos están en bonos. El resto, en acciones y depósitos.

Si extrapolamos estos números a otros países europeos, vemos el potencial impacto del consumo familiar en la recuperación económica europea. En otras palabras, el dinero está ahí, pero no se gasta en la economía real. En su lugar, la gente decide ahorrarlo o comprar productos de renta fija para protegerse de la futura inflación.

Esto nos lleva a lo que los bancos centrales temen más: la creación de dinero no es suficiente si no se gasta. El gasto no puede aumentar si no hay confianza en la recuperación económica.

En consecuencia, los inversores deben estar atentos a los posibles cambios en el comportamiento del consumidor. Si el consumo de los hogares se recupera, sacará a Europa de la recesión como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia.