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Desafíos para el BCE, riesgo de quedarse atrás respecto a la curva

El BCE explica las diferencias entre la percepción de la inflación y la inflación medida. ¿Puede hacer frente a la inflación dada su definición de estabilidad de precios?

El pasado jueves, el Banco Central Europeo (BCE) comentó cómo ve la inflación en la zona euro, algo que se esperaba con ansias. Para ser más concretos, explicó cómo la percepción de la inflación difiere de la inflación medida, y lo hizo de tal manera que lo que buscaba era contrarrestar la preocupación de aquellos que escuchaban ante una posible subida de los precios.

Este tipo de iniciativas son siempre bienvenidas. Aunque la flexibilización cuantitativa y las políticas acomodaticias en la eurozona no son comparables a las que se han hecho en Estados Unidos, no hay que descartar que existan riesgos de una inflación mayor en Europa.

Existen y el BCE prepara el terreno para una mejor comprensión del concepto. Un aumento de la inflación, por ejemplo, puede llegar a Europa de forma indirecta, ya que un recalentamiento de la economía estadounidense unido a medidas acomodaticias puede provocar una inflación que se extienda a sus principales socios comerciales (como la zona euro).

Para el BCE, los problemas crecen, ya que su mandato es ahora diferente al de la Fed. Mientras que el BCE se mantiene con el objetivo de una inflación del 2 %, la Fed ha pasado a un objetivo de inflación promedio en torno al 2 %. En otras palabras, el mercado es posible que empiece a presionar al BCE cuando la inflación se acerque al 2 %, pero no hará lo mismo con la Fed, ya que esta ha cambiado su mandato. Por tanto, se trata de una cuestión clave que hay que abordar en el futuro y la explicación del BCE sobre la diferencia entre las percepciones de la inflación y la inflación medida es un gran punto de partida.

¿Está el BCE por detrás de la curva?

Ayer, el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda (RBNZ) publicó su evaluación de la política monetaria. Esta sorprendió a los mercados, pues insinuaba una subida de los tipos, sobre todo por el aumento de la inflación prevista.

Este banco central destaca por ser proactivo. De hecho, es el banco central al que se le debe el marco de objetivos de inflación que la mayoría de bancos centrales han estado utilizando durante décadas tras los años setenta, cuando las divisas empezaron a ser de libre flotación.

Pero el BCE no es el RBNZ ni la Fed. El BCE ya mantenía el tipo de la facilidad de depósito por debajo de cero mucho antes de que comenzase la crisis sanitaria de la COVID-19. Por lo tanto, aunque la inflación supere el objetivo del BCE, en el mejor de los casos, el banco central elevará el tipo a territorio positivo, lo que le haría quedar por detrás respecto a otros bancos centrales con mandatos similares.

Supongamos que el BCE cambia su mandato lo mismo que la Fed en el verano de 2020. Con ello, su objetivo sería una mayor inflación. Según los cálculos, incluso si el BCE cambia su mandato de estabilidad de precios al 3 % de inflación anual, tardaría hasta 2029 en compensar la última década en la que se ha estado quedando corto.

Por lo tanto, el BCE se enfrenta a retos nunca antes vistos. Aparte del aumento de la inflación, tendrá que estudiar si su definición de estabilidad de precios sigue siendo óptima para el contexto económico actual.

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