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Crisis de la COVID-19: desafíos a los que se enfrentan los bancos de la UE

28 mayo, 2020 By Mircea Vasiu

El sector bancario europeo ha sido, desde siempre, uno de los puntos más débiles de la integración en la Unión Europea. Como si la crisis del 2008-2009 no hubiese sido suficiente, la crisis de la deuda soberana de la eurozona en 2012 abocó al sector a una «espiral de muerte».

De alguna forma, logró sobrevivir. Sin embargo, después de la crisis de la deuda soberana, el sector de la banca europea ha continuado con los malos resultados. El Deutsche Bank, por ejemplo, uno de los bancos punteros de la eurozona, ha sido noticia recientemente por su lucha contra los altos niveles de endeudamiento. Ha tenido que despedir empleados y su rendimiento parece más pesimista cada día que pasa.

El coronavirus y los bancos europeos

Esta pandemia parece haber cogido al sector bancario europeo en una posición relativamente más fuerte si la comparamos con la crisis anterior: una amplia liquidez e importantes niveles de capital actúan a modo de amortiguadores en tiempos como estos.

Por ejemplo, en 2019, la ratio del capital Tier 1 pasó a ser del 14 % para las primeras veinte instituciones más grandes del sector. Además, la ratio de cobertura de liquidez, otro índice importante que mide la fortaleza del sector, alcanzó un sólido 149 %.

La pandemia del coronavirus supone un riesgo sin precedentes para el sistema bancario de cualquier país. Esto es especialmente cierto en Europa, donde dos de los países que se han visto más afectados, Italia y España, tienen dos de los sistemas bancarios más pobres de Europa. De hecho, los bancos italianos han sido nacionalizados y recapitalizados con frecuencia en los últimos años, mientras que los de España han sufrido un destino similar, aunque en este caso el gobierno ha usado herramientas diferentes.

La pandemia también ha provocado numerosas víctimas en el sector económico. Muchas empresas se han declarado en quiebra; entre ellas, las pyme, que se han mostrado como las más vulnerables.

Los bancos, como siempre que hay una crisis económica, están en primera línea. Si las empresas quiebran, el banco gana menos comisiones por las transacciones bancarias habituales. Por no mencionar que cualquier posible préstamo al sector empresarial suele terminar en incumplimiento, lo que pone en riesgo la liquidez de dichas instituciones monetarias.

En España, por ejemplo, desde el comienzo de la pandemia, millones de autónomos (es decir, trabajadores por cuenta propia) han cerrado, lo que ha forzado a los bancos a reponer sus provisiones tanto para los préstamos que se habían concedido a este tipo de empresas como para las pérdidas por comisiones.

En lo que va de crisis, tanto los gobiernos como el BCE han actuado con rapidez y han proporcionado la tan necesaria liquidez. Además, ha prevalecido la solidaridad: los países menos afectados se han apresurado a ayudar a los más dañados.

El mercado, como consecuencia, celebra las señales que las autoridades están enviando tanto a nivel de política monetaria como fiscal. El sector bancario europeo ha subido un 15 % en los últimos dos días, debido a la emisión de deuda común de la UE y a la creencia en que Europa solo puede ganar a la crisis si los países se mantienen unidos.

¿Será suficiente?