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Cómo han ayudado los bancos centrales a las economías durante la crisis de la COVID-19

25 junio, 2020 By Mircea Vasiu

Muchos operadores, sobre todo los minoristas, se cuestionan a menudo el papel de los bancos centrales en relación al crecimiento económico. Además de reducir los tipos de interés en una economía, los bancos centrales son responsables de la política monetaria general y, a menudo, sus decisiones son objeto de polémicas.

Durante la pandemia de la COVID-19, los bancos centrales han hecho esfuerzos extra para garantizar la liquidez y, por ende, las ayudas económicas necesarias para aliviar las tensiones generadas. Casi todos los bancos centrales del mundo han apostado por políticas monetarias poco convencionales o que, hasta hace no mucho, no se veían con buenos ojos. Sin embargo, han resultado útiles durante la crisis.

Los efectos indirectos de las decisiones de los bancos centrales en los países desarrollados

Uno de los bancos centrales más activos durante esta crisis ha sido el Banco Central Europeo (BCE). Su reciente apuesta por el TLTRO-III ha permitido a los bancos de la zona euro el acceso a préstamos a varios años vista y con tasas negativas. En otras palabras: los bancos tendrá que devolver al BCE menos dinero del que han recibido prestado. Sin duda, una mejora bienvenida para la rentabilidad de los bancos y el flujo de crédito en la Unión Europea.

Por otro lado, el BCE y la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed) han comenzado a comprar bonos corporativos durante la crisis. La idea es aliviar la carga financiera de las empresas al mismo tiempo que se genera liquidez para las operaciones comerciales diarias. Como resultado de ello, la emisión de deuda de las empresas europeas y estadounidenses ha aumentado de forma considerable.

El Banco de Inglaterra (BOE), por su parte, ha impulsado un programa de compra de bonos (lo inició la semana pasada). El incremento de nuevas compras por valor de 100 000 millones de libras ha creado nuevo dinero digital destinado a aliviar aún más los retos que enfrenta el mercado crediticio de las islas.

La flexibilización cuantitativa (QE) se siente ahora como una herramienta de política ordinaria en el arsenal de cualquier banco central. No hace mucho (es decir, durante la crisis financiera de 2008-2009), Ben Bernanke, quien introdujo el concepto de flexibilización cuantitativa por vez primera durante su mandato al frente de la Fed, recibió iracundas críticas por parte de los expertos económicos, que ponían en duda la QE y alarmaban sobre sus potenciales efectos secundarios.

Hoy en día, sin embargo, y nada más empezar la pandemia de la COVID-19, la QE fue una de las primeras medidas en adoptarse por parte de la mayoría de bancos centrales: BCE, Fed, BOE, Banco de Reserva de Australia (RBA), Banco de la Reserva de Nueva Zelanda (RBNZ), por nombrar solo algunos.

La conclusión que podemos extraer de esto es que la actividad de los bancos centrales aumenta en visibilidad durante las crisis económicas, mientras que a menudo pasa desapercibida en épocas de mansedumbre. A ningún banco central le gustan las condiciones actuales del sistema financiero, pero la forma en que han dado su brazo a torcer para enfrentar la crisis dice mucho de ellos y también de la gravedad de los hechos a los que nos enfrentamos.