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Aparece la inflación en Europa del Este

20 agosto, 2020 By Mircea Vasiu

La inflación europea está empezando a subir. En julio, la tasa de inflación anual de la zona euro era del 0.4 %, por encima del 0.3 % de junio. Si bien todavía está lejos del objetivo del 2 % del BCE y solo un poco por encima del importantísimo nivel deflacionario (es decir, el nivel cero), es ya una señal alentadora e indica que las medidas del banco central están funcionando hasta cierto punto, incluso si se trata de una recesión económica global.

Puede que parezca extraño que los responsables de la política monetaria se centren en la inflación y que, específicamente, traten de llevarla a niveles más altos. Sin embargo, entre los economistas existe el consenso de que la inflación, lejos del nivel cero, pero no tan alta como para afectar al valor del dinero, es buena para un crecimiento económico estable. Ese nivel es el del 2 % y es muy importante cuando se opera en el mercado de divisas.

Inflación desigual en la zona euro

A diferencia de otros bancos centrales del mundo, el BCE tiene la difícil tarea de fijar la política monetaria en distintas economías. En cada país se dan condiciones diferentes, pero aun así el BCE tiene que encontrar una solución para ajustarse a todas ellas.

Solo en julio, por ejemplo, mientras Grecia se enfrentaba a una profunda deflación, la inflación en Austria se aproximaba al objetivo del 2 % del BCE. Lo cual pone de manifiesto, una vez más, las discrepancias entre las condiciones económicas de los distintos países de la zona euro.

Pero, tal y como se aprecia en el gráfico superior, hay algo más. En él se ven los datos de todos los países de la Unión Europea, no solo los de aquellos de la zona euro. Si se observan de cerca los países del lado derecho de la imagen, veremos nombres como Hungría, Polonia o la República Checa. No forman parte de la zona euro, pero ahora mismo tienen lo que los economistas llaman «inflación galopante».

Una cosa es luchar para conseguir que la inflación baje, pero se quede próxima al 2 %, y otra muy distinta es ver cómo se eleva a niveles del 4 %. Y amenaza con subir aún más.

La pandemia ha mostrado, una vez más, lo que los gobiernos y los bancos centrales son capaces de hacer. Se necesitan estímulos fiscales y monetarios, pero no a expensas de diluir los ahorros de la gente.

Vemos, también, la diferencia entre los mercados desarrollados y los emergentes. Por una parte, unas condiciones monetarias estables garantizan la estabilidad de los precios y la inflación se mantiene por debajo del objetivo. Por otra parte, los precios galopantes acaban por dañar la moneda demasiado rápido para que las familias puedan reaccionar. No es de extrañar, por tanto, que el oro vuelva a estar de moda.