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10 billones de dólares para luchar contra la pandemia: ¿es útil?

10 junio, 2020 By Mircea Vasiu

El estímulo fiscal y monetario como respuesta a la pandemia del coronavirus ha alcanzado globalmente un valor de 10 billones de dólares. A pesar de esta asombrosa cantidad, la pregunta es: ¿es suficiente o los gobiernos y bancos centrales tendrán que aportar más?

El problema no es, según parece, falta de voluntad por parte de las autoridades fiscales y monetarias para hacer más, sino las repercusiones de las acciones que se puedan tomar. ¿Qué pasa si el virus permanece entre nosotros más tiempo del esperado? ¿Y si se produce un segundo brote?

Paquetes de ayuda económica de todos los tamaños

Los paquetes de ayuda económica y las medidas de estímulo adoptados por 54 países difieren en tamaño según la gravedad del brote y las posibilidades de cada país. Se han dado casos en los que algunos países se han comprometido a gastar hasta el 40 % del PIB para luchar contra la crisis de la COVID-19.

Una cosa es segura y común para todos los países: el tamaño de los paquetes económicos supera con creces el esfuerzo económico que se necesitó para compensar los daños de la crisis financiera de 2008.

Los paquetes de ayuda económica adoptados por los gobiernos y los bancos centrales ponen su atención en tres aspectos: mantener la estabilidad financiera, mantener el bienestar económico de las familias y ayudar a las empresas a superar la crisis. Los primeros en intervenir han sido los bancos centrales que enseguida han proporcionado liquidez al sistema financiero.

En concreto, la Fed ha abierto líneas swap (arreglos entre bancos centrales para intercambiar divisas y mantener la estabilidad financiera) basadas en el dólar con los bancos centrales más importantes del mundo con el fin de ofrecer una inyección de liquidez a escala global. Cuando es posible, los bancos centrales reducen aún más los tipos de interés (algunos países o regiones que ya tenían tipos de interés negativos han tenido dificultades para hacer eso).

Cuando se habla de apoyar el bienestar económico de las familias, el principal reto ha sido, y todavía es, mantener intactos los ingresos disponibles. Igualmente, se trata de proporcionar algún tipo de amortiguación para la potencial pérdida de empleo.

Por lo que se refiere a los negocios, los primeros en recibir apoyo han sido las pequeñas y medianas empresas. Se ha permitido a las empresas reestructurar la deuda y aplazar los pagos de los préstamos mientras que el gobierno se encarga de garantizar los fondos, aplazar las tasas y las deudas por cobrar y acelerar sus pagos.

La crisis ha tenido un fuerte impacto en los mercados emergentes. Para empezar, digamos que la apreciación del USD es mayor frente a las divisas de los mercados emergentes que frente a las de los países desarrollados. La mayoría de la deuda en esa parte del mundo está dominada por el dólar estadounidense y, por tanto, los gobiernos tienen menos fondos para la lucha contra la crisis. Egipto, por ejemplo, ha gastado más del 10 % de su PIB solo para pagar su deuda, deuda que aumentó por la apreciación del dólar.

En definitiva, quedan por delante tiempos difíciles. A medida que el mundo entra en el segundo trimestre de 2020 y las economías comienzan a reabrir, la atención se centra en la forma en que el virus reacciona a la distancia social y a otras medidas adoptadas para prevenir su propagación. Un segundo rebrote requerirá más acciones por parte de los gobiernos y los bancos centrales.